El pavimento siendo acariciado
Por una piel de caucho ajena
Desde el ventanal observo
Como la vida se aleja.
Y siempre ha sido así
Un viaje que parece eterno
Para regresar a la infancia
Del amor paterno.
Cada casa cuenta una memoria
Quizá el tropezón de Gabriela
O la pólvora navideña
Sin embargo
Hay un lugar por el que se pasa
Que con solo verlo te atrapa
“Fuimos lo que eres”
Anuncia
“Serás lo que somos”
Delata.
Y al entrar en sus fauces
–tan presente como el incienso parroquial–
Recuerdos atrapan el cuerpo
El viento frío acaricia
Las flores del lugar
Visitar al abuelo
Siempre implicó
–al igual que una necesidad insana–
Escuchar a mi padre llorar.
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